UN SUEÑO ESCLARECEDOR
- iam

- 19 nov 2020
- 2 Min. de lectura
A lo largo de los últimos años he tenido un sueño recurrente.
Todo comienza cuando, de pronto, me sorprendo a mí misma sentada a orillas de una apacible playa en medio de la noche. Recuerdo la agradable sensación de la fina arena entre los dedos de los pies. La marea moviéndose a ritmo sosegado frente a mí. En el agua, se proyecta la fulgurante imagen de una luna llena de un llamativo tono azulado luminiscente, que ilumina tenuemente la ubicación en la que me encuentro.
Al principio, no puedo más que disfrutar del paraje en el que me encuentro. Es entonces cuando aparece la mariposa frente a mí. No se trata de una mariposa corriente pues, pese además de ser diáfana, surge de ella una luz azul vibrante, similar a la de la luna sobre nosotras. Entonces, con un repentino batir de sus alas, comienza a revolotear hacia un extremo de la playa. Siento la necesidad de seguir a ese ser que acapara ahora toda mi atención debido a su manifiesta belleza.
Tras varios minutos de caminata, nos encontramos frente a una prominente construcción. Desde ahí, la playa parece hallarse a kilómetros de distancia. Después de sobrevolar sobre mí, alborotando mi melena, la mariposa se adentra en el edificio, donde su luz parece ser la única iluminación, y continua su ascenso por las escaleras de caracol. Habiendo alcanzado la última planta de aquella torre, encuentro ante mí un amplio mirador donde aprecio lo alto que hemos llegado. Siento una cálida brisa acariciar cada rincón de mi cuerpo.
En ese momento, la mariposa se me acerca. Extiendo mi mano cautelosamente bajo ella, y esta se posa en la palma de mi mano. Puedo sentir entonces su delicadeza entre mis dedos. Acerco cuidadosamente mi brazo para poder apreciarla con mayor detenimiento. Es maravillosa. De pronto, reparo en la infinidad de brillantes estrellas agolpadas en la oscuridad de la noche. Permanezco unos segundos obnubilado alzando la vista. Cuando redirijo mi atención hacia mis manos, la mariposa se ha esfumado. La angustia se apodera de mi durante el infructuoso intento de encontrarla y, cuando estoy a punto de echar a llorar, despierto repentinamente.
En un primer momento pensé que no era más que un sueño pero, según volvía a experimentarlo, cada vez acaparaba más mis pensamientos. Me veía desarrollando disparatadas teorías sobre lo que podría querer decir aquel sueño. Hasta que por fin lo entendí. No se trataba más que de una metáfora. La luz emitida por aquella mariposa representaba al amor que, como en la vida, requiere de un largo recorrido hasta que al fin podemos disfrutarlo. Pero, como sucede en algunas ocasiones, cuando disponemos plenamente de él, empezamos a reparar en otras luces que, pese a ser inalcanzables, atraen nuestra atención y provoca que nos despreocupemos de la luz frente a nosotras. Luz que, desatendida, acaba desapareciendo.


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